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lunes, 20 de febrero de 2012

RESENTIMIENTO



  El resentimiento puede tener muchos significados. Veamos qué dice el diccionario:
"Sentimiento penoso y contenido del que se cree maltratado y hostilidad hacia los autores del mal trato".
Sentimiento penoso y contenido… ¿por cuánto tiempo?... Para algunos puede durar toda una vida, para otros 20 años, 10 años, 5 años… y para los que sienten un resentimiento más “Light” (no sé si existe el término “Resentimiento Light”, lo estoy inventando ahorita) puede durar algunos días.
Yo conozco algunas personas así, son pocas pero existen. Son aquellas que sufren un mal trato, sienten rabia, pero a los pocos días u horas, ya se sienten bien. Se parecen a los niñitos cuando pelean; se jalan el pelo, se pegan y a los cinco minutos están jugando juntos otra vez. Creo que fue por eso que Jesús dijo que para entrar en el reino de los cielos tenemos que volver a ser como niños.
También están aquellos que no se resienten, esos son muy raros de encontrar, pero existen. Nada ni nadie los atormenta. Han llegado a un estado mental tan evolucionado, que las cosas que pasan fuera de ellos ya no tienen significado… qué maravilla. Pienso que ésta es la meta de todo ser humano: llegar a un nivel de conciencia tal, que lo único que tiene sentido es su mundo interior, donde no hay lugar para ofensas, disgustos, peleas…
Pero como todavía no estamos ahí, seguimos con nuestro tema… Veamos otros significados del resentimiento:


"Irritación, enfado, rabia, furia, agitación emocional, incapacidad para perdonar, desconfianza, dolor emocional…". La lista es muy larga y podríamos seguir buscando significados para esta palabra, pero con eso no lograríamos nada, es importante saber lo que significa, pero más

importante es sanar el dolor que llevamos dentro de nosotros.
Para sanar el resentimiento tenemos que saber dónde estamos parados: De 1 a 10, ¿dónde estás tú? Revisa algunos eventos que te causaron dolor, y responde la encuesta, ¿dónde estás? ¿0, no eres resentido?, ¿5, eres medio resentido?, ¿10, eres resentido al extremo?
Ser honesto con uno mismo es el primer paso para dejar partir el resentimiento. No podemos engañarnos a nosotros mismos, podemos intentar hacerlo, pero eso sólo demostraría nuestra incapacidad para modificar una actitud errónea.
El segundo paso es PERDONAR. No hacemos nada con saber el significado de la palabra resentimiento y de reconocerlo en nosotros si no estamos dispuestos a perdonar. Yo sé, hay que ser muy valiente. Para sanar hay que ser valiente. Tenemos que enfrentar a muchos monstruos del pasado, tenemos que enfrentar a los miedos, tenemos que enfrentar a lo desconocido…pero si queremos sanar nuestras heridas, no hay otra forma, tenemos que afrontar todos esos pensamientos erróneos que creamos en nuestra mente en el transcurso de nuestras vidas, y sustituirlos por pensamientos amorosos…Sólo el amor sana.
El perdón es sólo una herramienta que nos ayuda a conectarnos con ese ser amoroso que está dentro de cada uno de nosotros. Y cuando estemos ahí, ya no necesitaremos más del perdón, ya no habrá a quien perdonar, porque no habrá juicio, dolor ni resentimiento…

viernes, 3 de febrero de 2012

Somos como Respiramos


¡Qué primordial y qué descuidada que tenemos a la respiración! Casi como que no contamos con ella… Venimos al mundo con una primera inhalación y nos iremos con nuestra última exhalación.

A diferencia del ritmo cardíaco, la respiración es consciente y a la vez inconsciente.Ésta última es dirigida por el bulbo raquídeo; es la que se dispara cada vez que el cuerpo detecta que hay poco oxigeno y mucho anhídrido carbónico.
¿Estamos atentos a cómo respiramos o creemos que ” …yo no tengo nada que ver”? Por lo general nuestra respiración es torácica, o sea que solo el tórax hace el vacío necesario para inflar nuestros pulmones. Inhalamos y expandimos el torax y las clavículas. Esta respiración es por lo general corta; los músculos intercostales son los que se expanden como así también suben la clavículas. Es poco el aire que podemos respirar de esta manera.
Con la respiración abdominal se consigue mucho más aire. Se inhala y se expande el abdomen, se exhala y se desinfla el abdomen. En esta respiración juega un papel muy importante el diafragma que es un músculo que se encuentra entre el tórax y el abdomen. Al contraerlo desciende y produce que el abdomen se expanda hacia adelante, los costados y para atrás, en la espalda.  La cantidad de aire respirado de esta manera es mucho mayor que la anterior.
Respiracion
Una tercera posibilidad de respiración es juntar ambas y así profundizar aún más la respiración. Sería la respiración de cuando fuimos bebés. Si observamos a un bebé respirar veremos que todo su cuerpo respira, desde la cabeza a los pies. Es un organismo completo que respira.
durmiendo en el arbol
Un ejercicio que podemos hacer tanto sentados como acostados es ponernos una mano en el pecho y la otra en el abdomen a la altura del ombligo.
respirar
Primero veremos como respiramos. Esto lo logramos viendo que mano se mueve más. Luego trataremos de respirar solo torácicamente; esto quiere decir que solo la mano del torax se moverá al respirar y la otra permanecerá quieta. Luego haremos a la inversa; respiraremos por el abdomen. Solo la mano que está allí es la que ahora se va a mover.
Para finalizar podemos tratar de hacer ambas respiraciones. Si no estamos muy familiarizados con las respiraciones conscientes esto lleva un tiempo de práctica.
Los beneficios de respirar conscientemente son muchos: podemos relajarnos en el momento que querramos. Podemos respirar y luego contestarle al… jefe, marido, esposa, hijo… etc, etc.
La respiración es mágica. Al hacerla consciente podemos poner en ella la Intención que estamos buscando o solo quedarnos sintiéndola; con las dos manos en la panza esto nos trae al aqui y ahora. No se puede estar coscientes de la respiracion y que nuestra mente piense en el vencimiento de la luz o de porqué mi suegra me contestó así…Nuestra mente se aquieta.
Muchas veces pasa que solo haciendo una, dos o tres respiraciones tranquilas, suaves, sin oír el paso del aire por la nariz bastan para cambiar un estado de nerviosismo, enojo o tristeza.
¡Solo hay que ponerlo en práctica para ver si resulta!

miércoles, 25 de enero de 2012

El vacio existencial


Es un día normal, estás haciendo tus actividades habituales, compartiendo con tus familiares y amigos, cuidando de tus hijos, y de manera repentina te haces consciente de algo “evidente”, pero inevitable: un día morirás. ¿Cuál es la sensación que despierta al darnos cuenta de esta realidad? ¿Miedo? ¿Frustración? ¿Tristeza? ¿Valor? ¿Confianza? Muy seguramente, aquella sensación se ha originado de tu percepción de cómo has vivido hasta este momento. Actualmente nos encontramos en un mundo donde impera la prisa, la emoción, el ímpetu.
Nuestra vida gira en torno a lo exprés, a lo inmediato, ya no estamos acostumbrados a esperar y cuando las circunstancias nos exigen aguardar, como sucedería en una fila del supermercado o del banco, nos enojamos o buscamos estrategias para pasar rápidamente. Vivimos en una sociedad donde llegar a la meta lo más pronto posible – y si es viable, sin obstáculos – es el mayor logro del hombre. “El fin justifica los medios”.
Ante todo este panorama, no entiendo por qué nos sigue sorprendiendo encontrar personas que sienten un gran “vacío existencial”. Personas que cuentan con un trabajo estable, con una familia, sin grandes preocupaciones económicas. Personas que se quejan de no tener tiempo durante la semana, pero cuando llega el domingo, se quejan de no tener nada qué hacer, de estar aburridos. Hombres y mujeres que parece que lo tienen “todo”, pero que al parecer, por dentro, no tienen “nada”. Han cuidado de su cuerpo, se han esforzado por cultivar su intelecto, pero han pasado por alto velar por su espíritu.
Para la corriente existencialista, el ser humano está conformado por el soma (cuerpo), psique (mente) y logos (espíritu). Desde esta visión se abre todo un nuevo panorama, una visión que permite ver al hombre desde nuevos horizontes, tomando en cuenta la parte más eminentemente humana: el espíritu. Esta perspectiva cambia completamente las bases en que se fundamentan las distintas escuelas psicológicas, que en general tienen una visión psicosomática, cognitiva y social del ser humano. La ausencia de espiritualidad cercena lo más distintivo del hombre y éste queda atado a los condicionamientos, ya sean biológicos, psicológicos o socioeconómicos.
Logos, es decir, espíritu, no hace referencia a una dimensión espiritual, que si bien forma parte, no la define por completo. Logos es tomado en su acepción de “sentido”, es decir, la dimensión del ser humano que es capaz de trascender, donde radica la voluntad y la libertad. Sólo ésta es capaz de elevarse por encima de las circunstancias, decidiendo libremente sobre las muchas situaciones y eligiendo por propia voluntad, aquella que nos permite encontrarle un sentido y actuando conforme a ella de manera responsable.
En la naturaleza del hombre ha existido siempre y existirá hasta el fin de los tiempos, la necesidad de preguntarse por el sentido de su vida. El algo que llevamos de manera inherente. Y a pesar de que muchas corrientes ideológicas intentan explicarlo con la biología, la genética, la psicología, la filosofía, todos ellas caen en el error de reducir al ser humano a alguna de éstas, y se olvidan que el ser humano en su unidad es cuerpo, mente y espíritu.
Si el sentido es aquello que buscamos, el sinsentido vendría a ser un agujero, un hueco en nuestra vida que se hace presente de manera repentina. En cuanto lo sientes, surge la necesidad de salir corriendo a “llenarlo”, porque al final de cuentas, es una “necesidad”. Es por ello que intentamos llenar nuestros vacíos existenciales con “cosas”, que de manera inmediata producirán satisfacción: saturando nuestras vidas de placer, de lujos, de comodidad; comiendo más allá de nuestras necesidades; teniendo sexo promiscuo; o quizás volcándonos exclusivamente al trabajo (adicción al trabajo, o workoholic); conformándonos con los acontecimientos; o llenar nuestra vida de preocupaciones. Cualquiera que sea la forma de intentar llenar esa sensación que produce un hueco en alguna parte de nosotros, no lo logra. Por el contrario, la sensación se hace cada vez mayor, y aquello con lo cual intentamos hacerlo desaparecer no es suficiente, por lo que requieres de cada vez más y más. Y cuando parece no existir nada que pueda alejarnos de este vacío, de alejar esta sensación, la muerte empieza a ser una opción.
La búsqueda del ser humano por encontrar un sentido de vida constituye una fuerza primaria. Dicho sentido es único y específico para cada una de las personas, y corresponde a cada uno encontrarlo. Más que preguntar “qué puedo esperar de la vida”, hay que preguntarnos de manera personal: ¿qué espera la vida de mí? ¿Hay algo que puedo hacer yo y nadie más que yo? ¿Existe algún proyecto que desearía muchísimo realizar? ¿Acaso he dejado de hacer aquello que tanto me apasionaba por causa de los “deberes” del mundo? ¿Puedo ser testimonio de la libertad del ser humano al trasformar la tragedia, la enfermedad, el fracaso en un logro personal? ¿Soy capaz de amar a alguien?
“Sólo la muerte es lo que da sentido a la vida”, ya que al darnos cuenta de nuestra existencia es breve, tendemos a encontrar la manera de trascender, de dejar “huella”. Así que, a pesar de todos los problemas con los que tengamos que enfrentarnos, la vida vale la pena ser vivida, y más aún cuando el hombre pone en práctica la fuerza de oposición del espíritu frente al destino. El sentido quizás cambie, pero nunca faltará. En realidad, tan sólo existe un problema verdaderamente serio, y es juzgar si la vida vale o no la pena ser vivida. Y la vida vale la pena, porque hay razones, hay muchos motivos por los cuales vivir, y esto es lo que le da sentido a la existencia humana.